
Dyed Soundorom: la corriente que enciende la sala
«¿Qué es el alma? Es como la electricidad: no sabemos bien qué es, pero es una fuerza capaz de iluminar una sala.» La frase es del propio Dyed Soundorom, y explica mejor que cualquier biografía cómo entiende la música: no como un catálogo de tracks, sino como una corriente que, bien conducida, enciende una pista.

Su recorrido empieza en las afterparties del Batofar, en el París de finales de los noventa. Ahí, entre amaneceres y una amistad decisiva con Dan Ghenacia, aprendió el oficio desde abajo: primero como oyente, después con sus primeras ediciones en Freak n' Chic, el sello de Ghenacia. No fue una carrera de golpes de efecto, sino de paciencia.
Un flujo que se vuelve hipnótico
En 2012 esa amistad se volvió proyecto. Junto a Ghenacia y Shonky formó Apollonia: un trío y un sello construidos sobre una idea sencilla y difícil —pinchar los tres a la vez, back to back to back, durante horas, como una sola conversación—. Su álbum debut, Tour à Tour (2014), grabado en Berlín, puso nombre a esa filosofía: un movimiento continuo que se vuelve hipnótico. Del DC-10 de Ibiza al Rex Club de París, Apollonia convirtió la sesión larga en su firma.

Lo que distingue a Dyed dentro del trío no es la estridencia, sino el groove. Su deep house respira, deja aire, coquetea con el techno de Detroit sin subir la voz. Es un selector de tempo gradual: prefiere sostener una sensación antes que perseguir el clímax fácil. Escuchar sus sesiones —de su set en el DC-10 en 2013 a sus podcasts más recientes— es entender que la hipnosis también se construye disco a disco.
Sweep: un paso propio
En Apollonia siempre fue el más callado de los tres. Por eso su gesto de 2025 dice tanto: abrió Sweep, su primer sello en solitario, y lo hizo solo en vinilo —un espacio curado para coleccionistas y selectores que valoran el placer táctil del disco—. El estreno, A Million Ways (SWEEP01), lleva su firma: un groove pegadizo con un sample vocal juguetón en la cara A, y Mirror Mirage, más oscura y de madrugada, en la vuelta. Después de años tejiendo la voz colectiva, Dyed empezó a escribir la suya.

Por qué escucharlo ahora
No es un repaso completo de su carrera, sino una puerta de entrada: cinco sesiones para escucharlo de cerca, del clásico del DC-10 a Apollonia hoy. Como sus sets, ninguna intenta deslumbrar en el primer minuto; buscan encender la sala poco a poco —y quedarse cuando el resto ya se apagó.
